sábado, 1 de junio de 2013




Repudiado

"Si solo pudiese desear algo... Sería volver a empezar".


El despertador sonaba con insistencia en este nuevo día. Su melodía repetitiva y estresante no paraba de zumbar en mis oídos. No me apetecía ir a esa escuela de nuevo, así que alargué la mano desde mi cama y golpeé el reloj con furia, haciendo que toda la habitación quedase en silencio.


"Bien, hoy podré descansar". Ese era mi pensamiento durante los primeros minutos, pero apenas un rato después, mi padre entraba con furia a levantarme a la fuerza.


-Niño estúpido. Así no llegarás a nada.

"Claro que no llegaré a nada. No soy nada, nadie me ha dado nada nunca". Así pensaba cada vez que decía esa frase, tan repetida en mi día a día. Sin ningún ánimo, me puse uno de mis dos únicos conjuntos de ropa, cogí la mochila con mis pertenencias personales y salí de casa.


Nadie me quería en este mundo. Era un extraño de pelo blanco y ojos rojos. Repudiado por todos debido a lo extraño que era. En el colegio nadie me trataba bien, mi padre me odiaba porque creía que era fruto de una infidelidad, por ello maltrató a mi madre hasta que ella se marchó de casa. No sé como nunca me llegó a golpear a mí. Pero ya nunca me podría volver a arriesgar. Ese día sería el definitivo en el que buscaría a mi madre, me iría de esa casa para siempre.


Empecé a correr hacia las afueras de la ciudad, intentando ignorar los murmullos de la gente y los insultos de los niños. Acabé llegando al final de la ciudad, un parque abandonado al lado de un lago. Nadie me encontraría allí. Empecé a balancearme en uno de los columpios llorando, sin saber muy bien qué hacer ahora. Empecé a imaginar cómo hubiese sido todo si mi pelo y mis ojos hubiesen sido normales. Cerré mis extraños ojos para llorar, hasta que escuché algo.


Era una canción, una suave canción que venía de lejos, llena de amargura, tristeza y soledad. Venía del lago, así que me levanté y, sin hacer ningún sonido, me acerqué al lago. Cada vez se escuchaba con más fuerza, hasta que encontré un bulto de pelo blanco mirando al horizonte, de espaldas a mí.


-¿Quién eres?


La persona que cantaba en la orilla del lago se sobresaltó, pero no se giró. Dejó de cantar.


-No soy nada ni nadie. Solo quiero un deseo que nadie me ha dado nunca.


-¿Qué deseo? - estaba realmente intrigado. Su voz era la de una joven de mi misma edad, pero debido a sus largos cabellos, no podía ver más que su pelo de espalda.


-Si pudiese desear algo, una sola cosa en este mundo... Sería volver a empezar sin ser así.


En ese momento se giró, y nuestras rojas miradas se cruzaron. Abrí mucho los ojos al ver delante mía a una especie de doble mío pero en mujer. Ella parecía igual de sorprendida, ya que se cayó dentro del lago. Cuando recuperó el equilibrio, se arrodilló allí dentro y me miró con una sonrisa diminuta.

-¿Has venido a hacer realidad mi deseo?


-No puedo concederte tu deseo. Soy igual que tú, me han repudiado.


-Pero juntos podemos volver a empezar, lejos de aquí, en un lugar donde nunca nadie nos encuentre.


Me acerqué, temeroso, a su lado. Me miraba con ojos tristes pero seguros, no parecía tener miedo al solitario futuro que nos esperaba. Alzó la mano hacia mí.


-¿Te atreves?


Sonriendo, alargué mi brazo hacia ella, cumpliendo un único deseo que quise desde que tengo memoria... 




Ser feliz con alguien que me comprenda.

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