miércoles, 14 de agosto de 2013

Dissapear (parte 1)

  




Subí las escaleras con rapidez a mitad del horario escolar. Una persona especial me estaba esperando en la azotea del edificio y no debía hacerla esperar, aunque ya llevaría allí rato, pues la maestra no me había dejado salir a la hora acordada. Abrí la puerta, esperando encontrarla allí.
-Hola Hiroto, llegas tarde.
Apoyada en la verja de la azotea, pude ver a Yuhi mirando el horizonte pensativa. Era mi amiga desde hacía años, y mi pareja desde hacía meses. Siempre había sido una chica extraña e introvertida, que apenas expresaba sus pensamientos, sin embargo, las últimas semanas las había pasado mucho más apartada del mundo que de costumbre. Pasaba las horas en la azotea o en lugares solitarios, dejando que su larga melena negra fuese mecida por el viento.
-¿De qué querías hablar, Yuhi?
Ella se giró a mirarme, sonriendo. Pero era una sonrisa apagada, triste. Empecé a asustarme.
-¿Ocurre algo, estás bien?
-Estoy bien - me miró a los ojos -. Pero debo contarte una cosa.
Un escalofrío recorrió mi espalda. No me sentía seguro en ese momento, por alguna razón, no pude reconocer a la Yuhi de siempre cuando miré a esa chica en la azotea. No parecía ella.
-Debes alejarte de mí y de todos mis recuerdos.
-¿Qué?¿Por qué dices eso?
Las palabras me golpearon como una maza, ¿Me estaba dejando, qué había hecho mal? No podía estar pasando.
-No tiene que ver con nuestra relación, Hiroto. Debes alejarte, si estás mucho tiempo conmigo pasarán cosas horribles. Te puedo hacer mucho daño.
Corrí a su lado y la abracé, llorando. No pensaba alejarme de ella, era lo único que tenía.
-Me dan igual los riesgos, pienso estar a tu lado siempre.
Pude sentir las lágrimas de Yuhi humedeciendo mi espalda, al igual que noté como su pulso se aceleraba.
-Solo prométeme que cuando llegue el momento, te irás.
-¿Cual es la razón?
-No quiero ponerte en peligro, así que solo haz lo que te diga.
-¿Te has metido en algún lío, quién quiere hacerte daño?
-Ya lo entenderás.
Me encogí de hombros y me aparté de ella, dirigiéndome lentamente hacia las escaleras.
-¿No vas a clase?
-No, me quedo aquí un rato más. No me esperes a la salida.
Así lo hice. Cuando sonó la campana de salida me fui directo a casa, sin esperar a nadie, pero desde la puerta pude ver la melena azabache de Yuhi mecerse al viento sobre la azotea. Suspiré y me marché a casa, algo confuso. Decidí relajarme un poco con música y un chocolate nocturno, por lo que me senté en una silla del balcón para observar la luna, que brillaba como un lucero en lo alto del cielo, redonda. Apenas unos minutos más tarde, delicados copos blancos habían empezado a caer desde lo más alto. Qué mejor que empezar diciembre con una buena nevada nocturna.
Apenas una hora más tarde, me marché a la cama, seguido de una eterna noche de confusas pesadillas.




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