miércoles, 14 de agosto de 2013

Dissapear (parte 2)


"¿Realmente quieres seguir junto a ella?"

Una voz llevaba días tambaleando en mi mente, en cada instante del día, en cualquier lugar. Siempre decía la misma pregunta, a la cual siempre pensaba que sí, que siempre estaría junto a ella. Sin embargo, aquel susurro no desapareció. Me preguntaba qué sería aquello, hasta que una noche pude descubrirlo. 

En medio de un sueño que estaba teniendo, todo se tornó de color negro, yo estaba sentado en el centro de aquella inmensidad, sobre lo que parecía ser una pulgada de agua. Además, salía niebla azulada de lugares que no lograba adivinar. Miré a mi alrededor, confuso.

-¿Dónde estoy?

No parecía haber nadie allí para responderme, pero una tenue luz apareció delante mía. Era un simple punto brillante, que fue creciendo hasta ser una pequeña mariposa azulada, que se posó en el agua, delante mía.

-Estás dentro de tus propios sueños. En tu consciencia.

Me quedé quieto mientras cientos de mariposas más llegaban para posarse a mi alrededor. Todas susurraban de forma incomprensible y de manera desordenada. No sabía como reaccionar a aquello, hasta que la primera se posó sobre mi mano.

-Somos tu consciencia, venimos a advertirte. Tienes que alejarte de Yuhi.

En un acto de furia, sacudí mi mano para quitarme al ser de ella. Pero además de no dar resultado, las demás mariposas empezaron a posarse sobre mi cuerpo, haciendo que cada vez viese más y más brillo azul y menos oscuridad. Terminé por cerrar los ojos y escuchar los susurros de aquellos insectos brillantes, pero de pronto entendí su mensaje.

"Es peligrosa"
"Te hará daño"
"Su final se acerca"
"Tu final será el suyo si sigues con ella"
"Se consumirá a si misma"
"Te arrastrará a la profundidad"
"Huye"
"Escapa"

Una lágrima rodó por mi mejilla. Todo parecía decirme que tenía que abandonarla, pero no era capaz, la amaba. No iba a dejarla.

-¡¡Jamás la dejaré!!

El grito espantó a todas las mariposas excepto a la primera, que me miraba con sus diminutos ojos.

-Tú lo has querido.

De pronto mi visión empezó a nublarse, y mis sentidos pasaron de la turbación a sentir un silencio absoluto. Así fue hasta que la campana del despertador empezó a martillear en mi cabeza con insistencia. Apagué el aparato con rapidez y miré el techo confuso. 



-Otro sueño...

Me levanté y me vestí para volver a clase, realmente preocupado. A pesar de que todos me decían que me alejara de Yuhi, la verdad era que ya lo había hecho, al menos involuntariamente, ya que hacía una semana que no aparecía. Su casa, al vivir sola, llevaba todos estos días vacía. No había ido a clase, no sabíamos nada de ella. Sin embargo, yo la sentía muy cerca de mi corazón. A mi lado. Entré en clase y me dejé caer en mi pupitre, agotado. Y de pronto sentí un leve escalofrío, pues había un par de chicas alrededor del asiento de Yuhi, vacío. Me acerqué por curiosidad al notar su rostro contrariado.

-¿Qué ocurre chicas?

-Hiroto... ¿Recuerdas de quién es este asiento?

-¿Cómo? Es de Yuhi, ¿Recordáis?

-Y... ¿Quién es Yuhi? 

Fruncí el ceño con confusión, ¿Por qué no la recordaban? Al ver mi cara, se encogieron de hombros, pero una de ellas alzó la mirada sorprendida.

-¡Cierto, Yuhi! La chica esa que nunca hablaba con nadie. La novia de Hiroto.

-Cierto, pero lleva meses sin venir a clase. ¿No?

Suspiré algo extrañado, me empezaba a dar mala espina esta situación. Solté un bufido de contrariedad y miré por la ventana. Estaba todo nevado desde hacía semanas.


Y en ese momento, pude ver una conocida sombra sentada al pie de un árbol. Abrí los ojos sorprendido, y me acerqué a la ventana para verla mejor. Era Yuhi, pero se sintió observada y salió corriendo del árbol. Noté como los estudiantes que la miraban se quedaban con la cara de no saber quién era. Salí disparado al pasillo, para buscarla.

-¡Yuhi!

Miradas extrañadas a mi alrededor. Nadie sabía quién era o apenas la recordaba. Corrí angustiado por los pasillos, gritando su nombre. Y de pronto la vi al fondo del pasillo, con la cabeza decaída, sin mirar a nadie. Esperé quieto a pocos metros de ella, hasta que se paró justo delante mía.

-Disculpe, podría...

-Yuhi. 



Noté un temblor en su cuerpo, mientras levantaba la vista para mirarme, entre lágrimas. No sabía si estaba triste o feliz, nunca lo podré saber.

-¿Por qué sabes quién soy?

-Porque soy tu novio, y siempre estaré contigo.

-Debes alejarte... Te haré daño.

-Eso no es cierto Yuhi. Sabes que no me iré.

-Dime, ¿Recuerdas a mis padres? Viven conmigo.

Un pinchazo recorrió mi espalda, como una advertencia. ¿Ella no vivía sola? ¿Por qué decía que vivían con ella? ¿Qué está pasando?

-No los recuerdas. Los he absorbido. Igual que pasará contigo.

Me miró seria, más seria que nunca. Yo pedí explicaciones sin pensar en lo que hacía. Estaba en shock, estaba confuso y sin muchas ganas de saber qué venía ahora. Nos fuimos a la azotea, que estaba totalmente blanca. Ella me miró.

-Hiroto... No puedes seguir cerca mía.

-No entiendo la razón.

-Algo ha cambiado... He empezado a borrar la existencia de todo lo que me rodea.

-¿Qué?

Yuhi me miró aun más duramente que antes. Su mirada tenía una mezcla de seriedad y miedo, un miedo profundo y más allá de la comprensión.

-¿No lo comprendes, Hiroto?

El viento meció su pelo y su bufanda, arrastrando con él los copos que caían. 

-Hiroto... Estoy desapareciendo.





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