viernes, 16 de agosto de 2013

Dissapear (parte 3)


"Estoy desapareciendo"

No pude evitar dar dos pasos atrás, asustado. Claro, ahora les recordaba, a sus padres. Eran personas estupendas, pues me habían tratado como a su propio hijo y me habían dado de cenar muchas veces cuando mi desatendido padre volvía a casa ebrio. Miré a Yuhi con una mezcla de horror y compasión. Ella bajó la mirada.

-Hace casi dos meses, empecé a tener sueños extraños... Me decían que era hora de la donación, que acudiese al templo. Pero no fui el día que soñé. No fui... Desde ese día, empezaron a ocurrir cosas extrañas. Los sueños empezaron a acusarme de traidora, y que me ocurriría algo peor que la muerte.

Yo escuchaba casi sin escuchar, estaba asustado y sin saber qué hacer o qué decir. No tenía fuerzas ni para moverse. Yuhi continuó hablando. Habíamos pasado allí todo el día, y ahora lucía sobre nosotros una siniestra luna, roja como la sangre.

-Entonces noté que el vecindario empezó a tratarnos raro. Ya no tenían confianza con nosotros, alguno incluso nos preguntó cuándo nos habíamos mudado al barrio, o simplemente decían que no nos recordaban - Yuhi tragó saliva al recordar aquellos dolorosos recuerdos, me miró casi horrorizada -. Un día, al levantarme, mis padres habían desaparecido. Hace ya dos semanas de aquello.

En ese momento noté que hacía dos semanas que no recordaba a sus padres. También hacía dos semanas que la gente de clase había mirado más raro que de costumbre a Yuhi. Bajé la mirada al suelo, casi llorando.

-¿Qué te... qué nos pasará?

-Yo desapareceré como mis padres, al igual que tú y todos los que me rodean. Por eso me alejé de todos mis conocidos. No quería hacer sufrir a más gente - me miró seria -. Ahora, vete.

-¿Qué?

La miré estupefacto. Ella me miraba seria, pero con lágrimas en los ojos.

-¡Vete, no quiero que desaparezcas, márchate, olvídame!

Al contrario de lo que ella quería, corrí a abrazarla, ignorando sus sonoras peticiones y sus intentos de apartarme. Pero yo era más fuerte, y me mantuve abrazado a ella sin hacer caso a nada más. Terminó por resignarse y abrazarme llorando.

-Estoy asustada, no sé que pasará. No quiero morir ahora.

Intentando unir cabos, yo estaba pensando en todo lo que me había dicho y en nuestros recuerdos de la infancia, pues nos conocimos cuando apenas teníamos siete años, pero perdimos el contacto hasta la secundaria. Y de pronto lo recordé. Mi horrible infancia, y por qué Yuhi estaba desapareciendo.

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-Siempre he estado solo.

La niña que acababa de conocer estaba a mi lado, escuchando la razón por la que yo lloraba en medio del campo. Se había sentado a mi lado y me había tranquilizado.

-¿Cómo que solo?

-En la escuela, no he tenido amigos nunca... En casa, mi padre siempre llega bebido y apestando a cerveza. La única que ha estado a mi lado es mi madre - empecé a sollozar de nuevo -. Pero ahora ya no está...

La pequeña niña de melena negra me abrazó, conmovida. Luego me sonrió.

-Todo saldrá bien. Yo estaré contigo.

Una nueva luz se encendió en mi corazón. Y así pasaron los siguientes meses. Nos hicimos los mejores amigos, nos queríamos con inocencia de niños, compartíamos secretos y éramos felices. Yo me escapaba de casa a menudo y estaba con sus padres, pero mi padre ni se daba cuenta. Casi un año más tarde, fuimos a jugar un poco más lejos que de costumbre, junto al río. Era un río amplio y muy profundo. Ninguno de los dos sabíamos nadar, así que nos manteníamos en la orilla.

-¡Hiroto, mira!

Yuhi señaló el río. Había un pequeño gato ahogándose, en el centro del río. Alguien lo había abandonado en una caja, que flotaba unos metros más allá.

-¡Tenemos que salvarlo! - sin dudarlo un segundo, se metió al río, corriendo hacia el gato, yo intenté detenerla al ver que el agua casi alcanzaba su cuello.

-¡Vuelve, Yuhi, es peligroso!

Pero ella no paró. Logró alcanzar el pequeño animal, y en un gran esfuerzo, lo lanzó hacia mí. Lo pude coger sin hacerle daño. Ella seguía en el agua.

-¡No te quedes ahí!

-¡Me lleva la corriente! - gritó horrorizada. Empezó a llorar, con el agua al cuello, cada vez más arriba.

Me vi el mundo destruirse de nuevo. No quería perderla a ella, así que me metí también al río, dispuesto a darle la mano. Corrí todo lo que pude, hacia ella. De pronto sentí un tirón, agua en la nariz y perdí la consciencia. Solo escuchaba la voz de Yuhi gritar. Desperté unos minutos después, en la orilla... Pero a mi lado estaba mi cuerpo, con Yuhi empapada, llorando sin control.



 -¡Hiroto, despierta, no me hagas esto!

Intenté abrazarla, pero mi etéreo cuerpo solo la atravesaba, miré el suelo, enfadado. No podía abandonarla tan pronto...

Pero una cálida luz apareció detrás mía. Era una pequeña mariposa azul claro, que se posó en mi hombro.

-¿Quieres volver con ella?

-¡Sí, no puedo abandonarla!

-Pero deberás pagar un precio.

Me encogí de hombros. La misteriosa mariposa siguió hablando.

-Cuando ella cumpla dieciséis años... Deberá entregar sus sentimientos por ti.

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Claro, ahora lo entendía todo. Hace un par de meses fue su cumpleaños, cumplió dieciséis. Nunca le conté la razón por la que pude resucitar. Nunca le dije nada... Y ahora pagaríamos las consecuencias. Miré a Yuhi apenada y se lo conté, entre lágrimas de odio hacia mi persona. Ella escuchaba como la primera vez que nos encontramos. Y al contrario de enfadarse o apenarse, me abrazó.

-No te culpes por no haberlo contado antes.

-¿Por qué? Ahora podrías ser feliz sin recordarme.

-Hiroto... Aunque lo hubiese sabido, no hubiese entregado nunca mis sentimientos. Yo te quiero, y nada podrá impedirlo.

Se separó de mí unos centímetros, para luego acercarse con delicadeza. Iba a besarme, el primer beso que íbamos a tener, y posiblemente, el último. Nuestros labios se rozaron sin temor, pero ella lloraba, y yo también. Cuando terminó, me sonrió. Una lágrima rodó por su mejilla hasta estrellar contra las baldosas.

-Hiroto... Te amo.

Y después de esas palabras, todo se tornó negro.



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