lunes, 14 de septiembre de 2015

Sigo esperando.



Sigo esperando que vuelvas,
despertar de este largo sueño
y ver que sigues aquí.

Saber que aún estás
en el lugar de siempre
observando a tu familia,
sonriendo por dentro al mirar.

Sigo buscándote al dormir
para poder decirte adiós,
abrazarte por última vez,
aunque sepa que te marcharás.

Seguiré aquí por ti
incluso si no vuelves,
mil poemas te escribiré,
hasta quedarme sin voz te llamaré.

Esperaré.

Porque sigo esperando que vuelvas,
aunque sepa que nunca lo harás.

jueves, 20 de marzo de 2014

Drop.


"Cuando todo en este mundo parecía estar perdido, cuando la hora de la sentencia estaba decidida, una nueva luz surgió en el camino, dispuesta a devolverla a la superficie".

lunes, 17 de marzo de 2014



Siempre entre las sombras, siempre con mi ojo avizor puesto sobre una presa. Susurrando entre los rayos de luna las delicias de la muerte, esperando a que mi siguiente víctima se deje llevar por la locura. Ahora te conduzco por aquí, ahora te llevo por el otro lado... Directo hasta mis garras, tu sangre, tu alma y tus recuerdos serán devorados por mis colmillos malditos. 
Llorarás, suplicarás, rezarás a un Dios inexistente, pidiendo clemencia por tu pobre y arrogante persona. Pero no hay escapatoria, una vez caes en mis manos, ya no sales jamás. Tu muerte será lenta y tal vez placentera, siempre que te dejes someter. A más resistencia, más dolor, pero como la mente asustada no comprende eso, siempre me divierto con los gritos de dolor antes de que tu piel sea arrancada a mordiscos.
Tu corazón será mi nueva botella de vino. Tu alma será una nueva fuente de poder. Tus recuerdos serán parte de mi tenebrosa comedia y tu mera existencia será una más en la lista de mis víctimas.
Por que tú, querido conejito asustado, has caído en las garras de un lobo feroz.
Bienvenido hasta la muerte en manos de Kai, el Oscuro. 

miércoles, 26 de febrero de 2014


"Tan cuerda en su locura y tan loca en su cordura"

Había una vez una chica diferente.
Una chica que no le importaba nada de lo que los demás pudiesen decir.
Ella vivía con sus gustos y su felicidad, sin nada que envidiar a los demás ni nada por lo que ser envidiada. Vivía a su manera.
Sin embargo, la gente la consideraba extraña por ser feliz.
"Está loca"
Pero, ¿Quién no está un poco loco en este caótico mundo?
Todos somos unos locos y a la vez unos seres racionales, es ley de vida.
Sin embargo, la diferencia es que no todos encontramos la felicidad.
¿Cómo encontrarla?
Sé como esta chica.
Sé tú mismo sin que nadie te retenga.
Porque ella nunca estuvo loca, ella simplemente ignoró a la sociedad.
Todos debemos ser como ella.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Hopeless


"Hopeless"

Querida Sociedad:

Hace tiempo que quería decirte lo mal que va todo por el mundo. Los sentimientos ya no importan. La verdad ha quedado en un segundo plano, la crueldad se adueña de todo... Pero, ¿Qué hacer? Yo soy solo un fantasma que ya no importa en este lugar. La gente me dejó de lado el mismo momento en el que te volviste tan injusta. Espero que algún día vuelva a haber sitio para mí en tu vida. Atte: Esperanza.




domingo, 18 de agosto de 2013

Dissapear (parte 4)


Desperté en un lugar que desconocía. Era de noche, y la luna brillaba con fuerza sobre un mar azulado. Todo tenía un suave tono azul, incluso la mariposa que se posó a mi lado.

-Te ha absorbido,¿Lo sabías?

-Pero estaré dentro suya para siempre, eso me consuela.

Suspiré y me senté en aquel islote que había. La mariposa pareció mirarme fijamente, pero terminó por irse de allí. Un poco más lejos, más allá del alcance de mi voz, pude ver un islote con los padres de Yuhi. Sí, decididamente estaba dentro suya. Ellos me miraron y pude observar una sonrisa apenada en sus rostros. Yo hundí mi rostro entre mis rodillas, sin saber qué hacer ahora. Esperaba tener una eternidad para pensar, pero de pronto algo sucedió. La tierra a mis pies se empezó a tambalear, y caí al mar que se alzaba sobre mí. Escuchaba la voz de Yuhi llamándome, apenada. Sentí ganas de abrazarla, pero no podía. No estaba con ella, sino en otro plano existencial. Alcé las manos para intentar alcanzar la superficie, pero solo podía hundirme más y más en aquel océano que era la mente de Yuhi. 


-¡Yuhi! - mi voz sonaba distorsionada bajo el agua, pero debía seguir intentando hablarle. No podía olvidarme.

Pero yo me seguía hundiendo. No tardé en sentir la falta de oxígeno, y empecé a llorar, pero mis lágrimas se confundían con el agua. ¿Realmente este iba a ser de nuevo mi final, morir ahogado de nuevo? No podía nadar, porque nunca me había enseñado. Ni nunca podré hacerlo, el pánico me atenaza apenas entro en una masa de agua superior a la de una bañera. Empecé a mover los brazos, en un intento de nadar, pero no lo lograba. Gritaba en un mar inexistente. Era una situación ridículamente terrible. No quería morir así. 

-Hiroto.

El oxígeno volvió a mí, al igual que la luz. Dejé de hundirme, pero esa había sido la voz de Yuhi. Empecé a buscarla a mi alrededor, pero no estaba por ninguna parte. Bajé la mirada, confuso. Me había quitado la camiseta en un intento de flotar, pero ahora era lo único que había aparte de mí.

-Hiroto.

¿Dónde estaba? Yuhi... Quería estar estar junto a ella, no debía abandonarla. 


-Yuhi...

Me sorprendió escuchar mi propia voz bajo el agua con tanta claridad, además de que podía respirar. Era extraño. Al momento, apareció Yuhi enfrente mía.

-Hiroto, estoy aquí.

Nadé torpemente hacia ella para abrazarla, pero no lo lograba, así que se acercó ella a abrazarme. Intenté llorar, pero por alguna razón, sentía paz. La miré, y me quedé helado al ver que de su pecho brotaba sangre de una profunda herida, se había suicidado.

-Era el único modo de salvarte. Ahora volverás a tu vida.

-¡No!

Ella sonrió, pero de una forma extraña.

-Aun puedes salvarme. Busca en tu interior, Hiroto.

Ella empezó a separarse de mí, intenté alcanzarla, volver a su lado, pero me hundía más y más. Lloré, gritando su nombre. Quería volver a su lado.

-¡Yuhi, quiero salvarte, quiero estar a tu lado!

Empecé a sentirme sin oxígeno de nuevo. No lo iba a lograr, nunca lograría salvarla. Este era nuestro destino, separarnos. Cerré mis ojos con lentitud, aceptando mi destino.



-Hiroto, ¿Quieres salvarla?

Volví a abrir los ojos de golpe, pero estaba en otro lugar, en la orilla de un gran río que me sonaba de algo. A mi lado estaba la tan conocida mariposa.

-Puedes hacerlo, solo lanza esta caja al agua.

-¿Eso es todo?

Cogí la pequeña caja de cartón. Dentro suya había algo pequeño, que se movía. Fruncí el ceño, entendiendo lo que pasaba. 

-No. No la lanzaré.

El pequeño ser aleteó sus alas.

-¿Es tu decisión?

-Sí. Aquí está el gato que lo provocó todo.

La mariposa se marchó volando con ligereza.

-Bien. Has pasado la prueba. Buena suerte en tu nueva oportunidad, Hiroto.

Abrí los ojos asustado, estaba en mi casa, pero me sentía más ligero... Más extraño. Me miré en el espejo, y me pude ver a mí mismo, pero era un niño, de nuevo. Al momento, escuché la voz de Yuhi, llamando desesperada.

-Hiroto, ¡Vamos a jugar!

Salí a recibirla. Sí, era la misma niña de siempre. Fingí no saber nada.

-¿Dónde vamos hoy?

-Al río, hace calor y allí se está mejor.

Negué con la cabeza y sonreí.

-Tengo un lugar mejor.

Y así fue. Ahora hemos venido a un puente, más arriba de donde estuvimos la última vez. No diré nada de lo que ha sucedido, pues debo fingir que soy de este tiempo. Solo diré, que al llegar nos encontramos un pequeño gato en una caja, a punto de ser lanzado por un misterioso adolescente muy parecido a mí.

Solo juro, que ahora seré muy feliz con Yuhi, y esta vez nadie nos podrá impedir que estemos juntos para siempre.




viernes, 16 de agosto de 2013

Dissapear (parte 3)


"Estoy desapareciendo"

No pude evitar dar dos pasos atrás, asustado. Claro, ahora les recordaba, a sus padres. Eran personas estupendas, pues me habían tratado como a su propio hijo y me habían dado de cenar muchas veces cuando mi desatendido padre volvía a casa ebrio. Miré a Yuhi con una mezcla de horror y compasión. Ella bajó la mirada.

-Hace casi dos meses, empecé a tener sueños extraños... Me decían que era hora de la donación, que acudiese al templo. Pero no fui el día que soñé. No fui... Desde ese día, empezaron a ocurrir cosas extrañas. Los sueños empezaron a acusarme de traidora, y que me ocurriría algo peor que la muerte.

Yo escuchaba casi sin escuchar, estaba asustado y sin saber qué hacer o qué decir. No tenía fuerzas ni para moverse. Yuhi continuó hablando. Habíamos pasado allí todo el día, y ahora lucía sobre nosotros una siniestra luna, roja como la sangre.

-Entonces noté que el vecindario empezó a tratarnos raro. Ya no tenían confianza con nosotros, alguno incluso nos preguntó cuándo nos habíamos mudado al barrio, o simplemente decían que no nos recordaban - Yuhi tragó saliva al recordar aquellos dolorosos recuerdos, me miró casi horrorizada -. Un día, al levantarme, mis padres habían desaparecido. Hace ya dos semanas de aquello.

En ese momento noté que hacía dos semanas que no recordaba a sus padres. También hacía dos semanas que la gente de clase había mirado más raro que de costumbre a Yuhi. Bajé la mirada al suelo, casi llorando.

-¿Qué te... qué nos pasará?

-Yo desapareceré como mis padres, al igual que tú y todos los que me rodean. Por eso me alejé de todos mis conocidos. No quería hacer sufrir a más gente - me miró seria -. Ahora, vete.

-¿Qué?

La miré estupefacto. Ella me miraba seria, pero con lágrimas en los ojos.

-¡Vete, no quiero que desaparezcas, márchate, olvídame!

Al contrario de lo que ella quería, corrí a abrazarla, ignorando sus sonoras peticiones y sus intentos de apartarme. Pero yo era más fuerte, y me mantuve abrazado a ella sin hacer caso a nada más. Terminó por resignarse y abrazarme llorando.

-Estoy asustada, no sé que pasará. No quiero morir ahora.

Intentando unir cabos, yo estaba pensando en todo lo que me había dicho y en nuestros recuerdos de la infancia, pues nos conocimos cuando apenas teníamos siete años, pero perdimos el contacto hasta la secundaria. Y de pronto lo recordé. Mi horrible infancia, y por qué Yuhi estaba desapareciendo.

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-Siempre he estado solo.

La niña que acababa de conocer estaba a mi lado, escuchando la razón por la que yo lloraba en medio del campo. Se había sentado a mi lado y me había tranquilizado.

-¿Cómo que solo?

-En la escuela, no he tenido amigos nunca... En casa, mi padre siempre llega bebido y apestando a cerveza. La única que ha estado a mi lado es mi madre - empecé a sollozar de nuevo -. Pero ahora ya no está...

La pequeña niña de melena negra me abrazó, conmovida. Luego me sonrió.

-Todo saldrá bien. Yo estaré contigo.

Una nueva luz se encendió en mi corazón. Y así pasaron los siguientes meses. Nos hicimos los mejores amigos, nos queríamos con inocencia de niños, compartíamos secretos y éramos felices. Yo me escapaba de casa a menudo y estaba con sus padres, pero mi padre ni se daba cuenta. Casi un año más tarde, fuimos a jugar un poco más lejos que de costumbre, junto al río. Era un río amplio y muy profundo. Ninguno de los dos sabíamos nadar, así que nos manteníamos en la orilla.

-¡Hiroto, mira!

Yuhi señaló el río. Había un pequeño gato ahogándose, en el centro del río. Alguien lo había abandonado en una caja, que flotaba unos metros más allá.

-¡Tenemos que salvarlo! - sin dudarlo un segundo, se metió al río, corriendo hacia el gato, yo intenté detenerla al ver que el agua casi alcanzaba su cuello.

-¡Vuelve, Yuhi, es peligroso!

Pero ella no paró. Logró alcanzar el pequeño animal, y en un gran esfuerzo, lo lanzó hacia mí. Lo pude coger sin hacerle daño. Ella seguía en el agua.

-¡No te quedes ahí!

-¡Me lleva la corriente! - gritó horrorizada. Empezó a llorar, con el agua al cuello, cada vez más arriba.

Me vi el mundo destruirse de nuevo. No quería perderla a ella, así que me metí también al río, dispuesto a darle la mano. Corrí todo lo que pude, hacia ella. De pronto sentí un tirón, agua en la nariz y perdí la consciencia. Solo escuchaba la voz de Yuhi gritar. Desperté unos minutos después, en la orilla... Pero a mi lado estaba mi cuerpo, con Yuhi empapada, llorando sin control.



 -¡Hiroto, despierta, no me hagas esto!

Intenté abrazarla, pero mi etéreo cuerpo solo la atravesaba, miré el suelo, enfadado. No podía abandonarla tan pronto...

Pero una cálida luz apareció detrás mía. Era una pequeña mariposa azul claro, que se posó en mi hombro.

-¿Quieres volver con ella?

-¡Sí, no puedo abandonarla!

-Pero deberás pagar un precio.

Me encogí de hombros. La misteriosa mariposa siguió hablando.

-Cuando ella cumpla dieciséis años... Deberá entregar sus sentimientos por ti.

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Claro, ahora lo entendía todo. Hace un par de meses fue su cumpleaños, cumplió dieciséis. Nunca le conté la razón por la que pude resucitar. Nunca le dije nada... Y ahora pagaríamos las consecuencias. Miré a Yuhi apenada y se lo conté, entre lágrimas de odio hacia mi persona. Ella escuchaba como la primera vez que nos encontramos. Y al contrario de enfadarse o apenarse, me abrazó.

-No te culpes por no haberlo contado antes.

-¿Por qué? Ahora podrías ser feliz sin recordarme.

-Hiroto... Aunque lo hubiese sabido, no hubiese entregado nunca mis sentimientos. Yo te quiero, y nada podrá impedirlo.

Se separó de mí unos centímetros, para luego acercarse con delicadeza. Iba a besarme, el primer beso que íbamos a tener, y posiblemente, el último. Nuestros labios se rozaron sin temor, pero ella lloraba, y yo también. Cuando terminó, me sonrió. Una lágrima rodó por su mejilla hasta estrellar contra las baldosas.

-Hiroto... Te amo.

Y después de esas palabras, todo se tornó negro.