domingo, 18 de agosto de 2013

Dissapear (parte 4)


Desperté en un lugar que desconocía. Era de noche, y la luna brillaba con fuerza sobre un mar azulado. Todo tenía un suave tono azul, incluso la mariposa que se posó a mi lado.

-Te ha absorbido,¿Lo sabías?

-Pero estaré dentro suya para siempre, eso me consuela.

Suspiré y me senté en aquel islote que había. La mariposa pareció mirarme fijamente, pero terminó por irse de allí. Un poco más lejos, más allá del alcance de mi voz, pude ver un islote con los padres de Yuhi. Sí, decididamente estaba dentro suya. Ellos me miraron y pude observar una sonrisa apenada en sus rostros. Yo hundí mi rostro entre mis rodillas, sin saber qué hacer ahora. Esperaba tener una eternidad para pensar, pero de pronto algo sucedió. La tierra a mis pies se empezó a tambalear, y caí al mar que se alzaba sobre mí. Escuchaba la voz de Yuhi llamándome, apenada. Sentí ganas de abrazarla, pero no podía. No estaba con ella, sino en otro plano existencial. Alcé las manos para intentar alcanzar la superficie, pero solo podía hundirme más y más en aquel océano que era la mente de Yuhi. 


-¡Yuhi! - mi voz sonaba distorsionada bajo el agua, pero debía seguir intentando hablarle. No podía olvidarme.

Pero yo me seguía hundiendo. No tardé en sentir la falta de oxígeno, y empecé a llorar, pero mis lágrimas se confundían con el agua. ¿Realmente este iba a ser de nuevo mi final, morir ahogado de nuevo? No podía nadar, porque nunca me había enseñado. Ni nunca podré hacerlo, el pánico me atenaza apenas entro en una masa de agua superior a la de una bañera. Empecé a mover los brazos, en un intento de nadar, pero no lo lograba. Gritaba en un mar inexistente. Era una situación ridículamente terrible. No quería morir así. 

-Hiroto.

El oxígeno volvió a mí, al igual que la luz. Dejé de hundirme, pero esa había sido la voz de Yuhi. Empecé a buscarla a mi alrededor, pero no estaba por ninguna parte. Bajé la mirada, confuso. Me había quitado la camiseta en un intento de flotar, pero ahora era lo único que había aparte de mí.

-Hiroto.

¿Dónde estaba? Yuhi... Quería estar estar junto a ella, no debía abandonarla. 


-Yuhi...

Me sorprendió escuchar mi propia voz bajo el agua con tanta claridad, además de que podía respirar. Era extraño. Al momento, apareció Yuhi enfrente mía.

-Hiroto, estoy aquí.

Nadé torpemente hacia ella para abrazarla, pero no lo lograba, así que se acercó ella a abrazarme. Intenté llorar, pero por alguna razón, sentía paz. La miré, y me quedé helado al ver que de su pecho brotaba sangre de una profunda herida, se había suicidado.

-Era el único modo de salvarte. Ahora volverás a tu vida.

-¡No!

Ella sonrió, pero de una forma extraña.

-Aun puedes salvarme. Busca en tu interior, Hiroto.

Ella empezó a separarse de mí, intenté alcanzarla, volver a su lado, pero me hundía más y más. Lloré, gritando su nombre. Quería volver a su lado.

-¡Yuhi, quiero salvarte, quiero estar a tu lado!

Empecé a sentirme sin oxígeno de nuevo. No lo iba a lograr, nunca lograría salvarla. Este era nuestro destino, separarnos. Cerré mis ojos con lentitud, aceptando mi destino.



-Hiroto, ¿Quieres salvarla?

Volví a abrir los ojos de golpe, pero estaba en otro lugar, en la orilla de un gran río que me sonaba de algo. A mi lado estaba la tan conocida mariposa.

-Puedes hacerlo, solo lanza esta caja al agua.

-¿Eso es todo?

Cogí la pequeña caja de cartón. Dentro suya había algo pequeño, que se movía. Fruncí el ceño, entendiendo lo que pasaba. 

-No. No la lanzaré.

El pequeño ser aleteó sus alas.

-¿Es tu decisión?

-Sí. Aquí está el gato que lo provocó todo.

La mariposa se marchó volando con ligereza.

-Bien. Has pasado la prueba. Buena suerte en tu nueva oportunidad, Hiroto.

Abrí los ojos asustado, estaba en mi casa, pero me sentía más ligero... Más extraño. Me miré en el espejo, y me pude ver a mí mismo, pero era un niño, de nuevo. Al momento, escuché la voz de Yuhi, llamando desesperada.

-Hiroto, ¡Vamos a jugar!

Salí a recibirla. Sí, era la misma niña de siempre. Fingí no saber nada.

-¿Dónde vamos hoy?

-Al río, hace calor y allí se está mejor.

Negué con la cabeza y sonreí.

-Tengo un lugar mejor.

Y así fue. Ahora hemos venido a un puente, más arriba de donde estuvimos la última vez. No diré nada de lo que ha sucedido, pues debo fingir que soy de este tiempo. Solo diré, que al llegar nos encontramos un pequeño gato en una caja, a punto de ser lanzado por un misterioso adolescente muy parecido a mí.

Solo juro, que ahora seré muy feliz con Yuhi, y esta vez nadie nos podrá impedir que estemos juntos para siempre.




viernes, 16 de agosto de 2013

Dissapear (parte 3)


"Estoy desapareciendo"

No pude evitar dar dos pasos atrás, asustado. Claro, ahora les recordaba, a sus padres. Eran personas estupendas, pues me habían tratado como a su propio hijo y me habían dado de cenar muchas veces cuando mi desatendido padre volvía a casa ebrio. Miré a Yuhi con una mezcla de horror y compasión. Ella bajó la mirada.

-Hace casi dos meses, empecé a tener sueños extraños... Me decían que era hora de la donación, que acudiese al templo. Pero no fui el día que soñé. No fui... Desde ese día, empezaron a ocurrir cosas extrañas. Los sueños empezaron a acusarme de traidora, y que me ocurriría algo peor que la muerte.

Yo escuchaba casi sin escuchar, estaba asustado y sin saber qué hacer o qué decir. No tenía fuerzas ni para moverse. Yuhi continuó hablando. Habíamos pasado allí todo el día, y ahora lucía sobre nosotros una siniestra luna, roja como la sangre.

-Entonces noté que el vecindario empezó a tratarnos raro. Ya no tenían confianza con nosotros, alguno incluso nos preguntó cuándo nos habíamos mudado al barrio, o simplemente decían que no nos recordaban - Yuhi tragó saliva al recordar aquellos dolorosos recuerdos, me miró casi horrorizada -. Un día, al levantarme, mis padres habían desaparecido. Hace ya dos semanas de aquello.

En ese momento noté que hacía dos semanas que no recordaba a sus padres. También hacía dos semanas que la gente de clase había mirado más raro que de costumbre a Yuhi. Bajé la mirada al suelo, casi llorando.

-¿Qué te... qué nos pasará?

-Yo desapareceré como mis padres, al igual que tú y todos los que me rodean. Por eso me alejé de todos mis conocidos. No quería hacer sufrir a más gente - me miró seria -. Ahora, vete.

-¿Qué?

La miré estupefacto. Ella me miraba seria, pero con lágrimas en los ojos.

-¡Vete, no quiero que desaparezcas, márchate, olvídame!

Al contrario de lo que ella quería, corrí a abrazarla, ignorando sus sonoras peticiones y sus intentos de apartarme. Pero yo era más fuerte, y me mantuve abrazado a ella sin hacer caso a nada más. Terminó por resignarse y abrazarme llorando.

-Estoy asustada, no sé que pasará. No quiero morir ahora.

Intentando unir cabos, yo estaba pensando en todo lo que me había dicho y en nuestros recuerdos de la infancia, pues nos conocimos cuando apenas teníamos siete años, pero perdimos el contacto hasta la secundaria. Y de pronto lo recordé. Mi horrible infancia, y por qué Yuhi estaba desapareciendo.

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-Siempre he estado solo.

La niña que acababa de conocer estaba a mi lado, escuchando la razón por la que yo lloraba en medio del campo. Se había sentado a mi lado y me había tranquilizado.

-¿Cómo que solo?

-En la escuela, no he tenido amigos nunca... En casa, mi padre siempre llega bebido y apestando a cerveza. La única que ha estado a mi lado es mi madre - empecé a sollozar de nuevo -. Pero ahora ya no está...

La pequeña niña de melena negra me abrazó, conmovida. Luego me sonrió.

-Todo saldrá bien. Yo estaré contigo.

Una nueva luz se encendió en mi corazón. Y así pasaron los siguientes meses. Nos hicimos los mejores amigos, nos queríamos con inocencia de niños, compartíamos secretos y éramos felices. Yo me escapaba de casa a menudo y estaba con sus padres, pero mi padre ni se daba cuenta. Casi un año más tarde, fuimos a jugar un poco más lejos que de costumbre, junto al río. Era un río amplio y muy profundo. Ninguno de los dos sabíamos nadar, así que nos manteníamos en la orilla.

-¡Hiroto, mira!

Yuhi señaló el río. Había un pequeño gato ahogándose, en el centro del río. Alguien lo había abandonado en una caja, que flotaba unos metros más allá.

-¡Tenemos que salvarlo! - sin dudarlo un segundo, se metió al río, corriendo hacia el gato, yo intenté detenerla al ver que el agua casi alcanzaba su cuello.

-¡Vuelve, Yuhi, es peligroso!

Pero ella no paró. Logró alcanzar el pequeño animal, y en un gran esfuerzo, lo lanzó hacia mí. Lo pude coger sin hacerle daño. Ella seguía en el agua.

-¡No te quedes ahí!

-¡Me lleva la corriente! - gritó horrorizada. Empezó a llorar, con el agua al cuello, cada vez más arriba.

Me vi el mundo destruirse de nuevo. No quería perderla a ella, así que me metí también al río, dispuesto a darle la mano. Corrí todo lo que pude, hacia ella. De pronto sentí un tirón, agua en la nariz y perdí la consciencia. Solo escuchaba la voz de Yuhi gritar. Desperté unos minutos después, en la orilla... Pero a mi lado estaba mi cuerpo, con Yuhi empapada, llorando sin control.



 -¡Hiroto, despierta, no me hagas esto!

Intenté abrazarla, pero mi etéreo cuerpo solo la atravesaba, miré el suelo, enfadado. No podía abandonarla tan pronto...

Pero una cálida luz apareció detrás mía. Era una pequeña mariposa azul claro, que se posó en mi hombro.

-¿Quieres volver con ella?

-¡Sí, no puedo abandonarla!

-Pero deberás pagar un precio.

Me encogí de hombros. La misteriosa mariposa siguió hablando.

-Cuando ella cumpla dieciséis años... Deberá entregar sus sentimientos por ti.

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Claro, ahora lo entendía todo. Hace un par de meses fue su cumpleaños, cumplió dieciséis. Nunca le conté la razón por la que pude resucitar. Nunca le dije nada... Y ahora pagaríamos las consecuencias. Miré a Yuhi apenada y se lo conté, entre lágrimas de odio hacia mi persona. Ella escuchaba como la primera vez que nos encontramos. Y al contrario de enfadarse o apenarse, me abrazó.

-No te culpes por no haberlo contado antes.

-¿Por qué? Ahora podrías ser feliz sin recordarme.

-Hiroto... Aunque lo hubiese sabido, no hubiese entregado nunca mis sentimientos. Yo te quiero, y nada podrá impedirlo.

Se separó de mí unos centímetros, para luego acercarse con delicadeza. Iba a besarme, el primer beso que íbamos a tener, y posiblemente, el último. Nuestros labios se rozaron sin temor, pero ella lloraba, y yo también. Cuando terminó, me sonrió. Una lágrima rodó por su mejilla hasta estrellar contra las baldosas.

-Hiroto... Te amo.

Y después de esas palabras, todo se tornó negro.



miércoles, 14 de agosto de 2013

Dissapear (parte 2)


"¿Realmente quieres seguir junto a ella?"

Una voz llevaba días tambaleando en mi mente, en cada instante del día, en cualquier lugar. Siempre decía la misma pregunta, a la cual siempre pensaba que sí, que siempre estaría junto a ella. Sin embargo, aquel susurro no desapareció. Me preguntaba qué sería aquello, hasta que una noche pude descubrirlo. 

En medio de un sueño que estaba teniendo, todo se tornó de color negro, yo estaba sentado en el centro de aquella inmensidad, sobre lo que parecía ser una pulgada de agua. Además, salía niebla azulada de lugares que no lograba adivinar. Miré a mi alrededor, confuso.

-¿Dónde estoy?

No parecía haber nadie allí para responderme, pero una tenue luz apareció delante mía. Era un simple punto brillante, que fue creciendo hasta ser una pequeña mariposa azulada, que se posó en el agua, delante mía.

-Estás dentro de tus propios sueños. En tu consciencia.

Me quedé quieto mientras cientos de mariposas más llegaban para posarse a mi alrededor. Todas susurraban de forma incomprensible y de manera desordenada. No sabía como reaccionar a aquello, hasta que la primera se posó sobre mi mano.

-Somos tu consciencia, venimos a advertirte. Tienes que alejarte de Yuhi.

En un acto de furia, sacudí mi mano para quitarme al ser de ella. Pero además de no dar resultado, las demás mariposas empezaron a posarse sobre mi cuerpo, haciendo que cada vez viese más y más brillo azul y menos oscuridad. Terminé por cerrar los ojos y escuchar los susurros de aquellos insectos brillantes, pero de pronto entendí su mensaje.

"Es peligrosa"
"Te hará daño"
"Su final se acerca"
"Tu final será el suyo si sigues con ella"
"Se consumirá a si misma"
"Te arrastrará a la profundidad"
"Huye"
"Escapa"

Una lágrima rodó por mi mejilla. Todo parecía decirme que tenía que abandonarla, pero no era capaz, la amaba. No iba a dejarla.

-¡¡Jamás la dejaré!!

El grito espantó a todas las mariposas excepto a la primera, que me miraba con sus diminutos ojos.

-Tú lo has querido.

De pronto mi visión empezó a nublarse, y mis sentidos pasaron de la turbación a sentir un silencio absoluto. Así fue hasta que la campana del despertador empezó a martillear en mi cabeza con insistencia. Apagué el aparato con rapidez y miré el techo confuso. 



-Otro sueño...

Me levanté y me vestí para volver a clase, realmente preocupado. A pesar de que todos me decían que me alejara de Yuhi, la verdad era que ya lo había hecho, al menos involuntariamente, ya que hacía una semana que no aparecía. Su casa, al vivir sola, llevaba todos estos días vacía. No había ido a clase, no sabíamos nada de ella. Sin embargo, yo la sentía muy cerca de mi corazón. A mi lado. Entré en clase y me dejé caer en mi pupitre, agotado. Y de pronto sentí un leve escalofrío, pues había un par de chicas alrededor del asiento de Yuhi, vacío. Me acerqué por curiosidad al notar su rostro contrariado.

-¿Qué ocurre chicas?

-Hiroto... ¿Recuerdas de quién es este asiento?

-¿Cómo? Es de Yuhi, ¿Recordáis?

-Y... ¿Quién es Yuhi? 

Fruncí el ceño con confusión, ¿Por qué no la recordaban? Al ver mi cara, se encogieron de hombros, pero una de ellas alzó la mirada sorprendida.

-¡Cierto, Yuhi! La chica esa que nunca hablaba con nadie. La novia de Hiroto.

-Cierto, pero lleva meses sin venir a clase. ¿No?

Suspiré algo extrañado, me empezaba a dar mala espina esta situación. Solté un bufido de contrariedad y miré por la ventana. Estaba todo nevado desde hacía semanas.


Y en ese momento, pude ver una conocida sombra sentada al pie de un árbol. Abrí los ojos sorprendido, y me acerqué a la ventana para verla mejor. Era Yuhi, pero se sintió observada y salió corriendo del árbol. Noté como los estudiantes que la miraban se quedaban con la cara de no saber quién era. Salí disparado al pasillo, para buscarla.

-¡Yuhi!

Miradas extrañadas a mi alrededor. Nadie sabía quién era o apenas la recordaba. Corrí angustiado por los pasillos, gritando su nombre. Y de pronto la vi al fondo del pasillo, con la cabeza decaída, sin mirar a nadie. Esperé quieto a pocos metros de ella, hasta que se paró justo delante mía.

-Disculpe, podría...

-Yuhi. 



Noté un temblor en su cuerpo, mientras levantaba la vista para mirarme, entre lágrimas. No sabía si estaba triste o feliz, nunca lo podré saber.

-¿Por qué sabes quién soy?

-Porque soy tu novio, y siempre estaré contigo.

-Debes alejarte... Te haré daño.

-Eso no es cierto Yuhi. Sabes que no me iré.

-Dime, ¿Recuerdas a mis padres? Viven conmigo.

Un pinchazo recorrió mi espalda, como una advertencia. ¿Ella no vivía sola? ¿Por qué decía que vivían con ella? ¿Qué está pasando?

-No los recuerdas. Los he absorbido. Igual que pasará contigo.

Me miró seria, más seria que nunca. Yo pedí explicaciones sin pensar en lo que hacía. Estaba en shock, estaba confuso y sin muchas ganas de saber qué venía ahora. Nos fuimos a la azotea, que estaba totalmente blanca. Ella me miró.

-Hiroto... No puedes seguir cerca mía.

-No entiendo la razón.

-Algo ha cambiado... He empezado a borrar la existencia de todo lo que me rodea.

-¿Qué?

Yuhi me miró aun más duramente que antes. Su mirada tenía una mezcla de seriedad y miedo, un miedo profundo y más allá de la comprensión.

-¿No lo comprendes, Hiroto?

El viento meció su pelo y su bufanda, arrastrando con él los copos que caían. 

-Hiroto... Estoy desapareciendo.





Dissapear (parte 1)

  




Subí las escaleras con rapidez a mitad del horario escolar. Una persona especial me estaba esperando en la azotea del edificio y no debía hacerla esperar, aunque ya llevaría allí rato, pues la maestra no me había dejado salir a la hora acordada. Abrí la puerta, esperando encontrarla allí.
-Hola Hiroto, llegas tarde.
Apoyada en la verja de la azotea, pude ver a Yuhi mirando el horizonte pensativa. Era mi amiga desde hacía años, y mi pareja desde hacía meses. Siempre había sido una chica extraña e introvertida, que apenas expresaba sus pensamientos, sin embargo, las últimas semanas las había pasado mucho más apartada del mundo que de costumbre. Pasaba las horas en la azotea o en lugares solitarios, dejando que su larga melena negra fuese mecida por el viento.
-¿De qué querías hablar, Yuhi?
Ella se giró a mirarme, sonriendo. Pero era una sonrisa apagada, triste. Empecé a asustarme.
-¿Ocurre algo, estás bien?
-Estoy bien - me miró a los ojos -. Pero debo contarte una cosa.
Un escalofrío recorrió mi espalda. No me sentía seguro en ese momento, por alguna razón, no pude reconocer a la Yuhi de siempre cuando miré a esa chica en la azotea. No parecía ella.
-Debes alejarte de mí y de todos mis recuerdos.
-¿Qué?¿Por qué dices eso?
Las palabras me golpearon como una maza, ¿Me estaba dejando, qué había hecho mal? No podía estar pasando.
-No tiene que ver con nuestra relación, Hiroto. Debes alejarte, si estás mucho tiempo conmigo pasarán cosas horribles. Te puedo hacer mucho daño.
Corrí a su lado y la abracé, llorando. No pensaba alejarme de ella, era lo único que tenía.
-Me dan igual los riesgos, pienso estar a tu lado siempre.
Pude sentir las lágrimas de Yuhi humedeciendo mi espalda, al igual que noté como su pulso se aceleraba.
-Solo prométeme que cuando llegue el momento, te irás.
-¿Cual es la razón?
-No quiero ponerte en peligro, así que solo haz lo que te diga.
-¿Te has metido en algún lío, quién quiere hacerte daño?
-Ya lo entenderás.
Me encogí de hombros y me aparté de ella, dirigiéndome lentamente hacia las escaleras.
-¿No vas a clase?
-No, me quedo aquí un rato más. No me esperes a la salida.
Así lo hice. Cuando sonó la campana de salida me fui directo a casa, sin esperar a nadie, pero desde la puerta pude ver la melena azabache de Yuhi mecerse al viento sobre la azotea. Suspiré y me marché a casa, algo confuso. Decidí relajarme un poco con música y un chocolate nocturno, por lo que me senté en una silla del balcón para observar la luna, que brillaba como un lucero en lo alto del cielo, redonda. Apenas unos minutos más tarde, delicados copos blancos habían empezado a caer desde lo más alto. Qué mejor que empezar diciembre con una buena nevada nocturna.
Apenas una hora más tarde, me marché a la cama, seguido de una eterna noche de confusas pesadillas.